
Es casi inevitable escribir algo que parece demasiado previsible, pero el cuento que creo que se puede rescatar de lo que escribiré a continuación es lo que pasa cuando el estatus nubla la existencia.
En Beijing compiten miles de deportistas de todo el mundo, se exhiben ante miles de telespectadores las competencias que dejan como ganadores a los mejores de los mejores, se les condecora con una Medalla Olímpica que de seguro quedará como un preciado trofeo.
Esto es casi algo demasiado evidente para nosotros que estamos bombardeados por la fiebre olímpica en la cual los canales de televisión y los noticieros reproducen hasta el artazgo las competencias que se llevan a cabo en Asia.
Y es acá en donde quiero detener el paso, en el ganar, en el vencer, en el ser el mejor de los mejores. Los JJ.OO. son el escenario para que se demuestre quien es el máximo exponente de un específico deporte al ir venciendo a consecutivos rivales de la misma disciplina. Hay que solo ver los rostros de felicidad de quienes se coronan como medallistas olímpicos y la desazón de aquellos que caen vencidos en la competencia.
El ganar y competir vienen acompañando al ser humano desde los inicios de la civilización, siempre nos ha gustado competir frente a otro y demostrar la superioridad, sea la que sea. Entonces, a qué quiero llegar... a algo que me ha sucedido en este tiempo (esta columna es bien personal, cosa extraña ya que no soy de comentarios propios..)en la Universidad se ve lo que acabo de señalar, pero a ratos se torna un poco tedioso y aburrido ver como se compite pero simplemente con el objetivo de cimentar los egos. Ser el mejor pero con qué objetivo, creo que ahí radica la diferencia entre ser el Mejor de los Mejores y ser Bueno simplemente. Cuando te esfuerzas por ser el mejor en tu disciplina.. no lo haces con el fin de enrostrar nada, lo haces por un objetivo superior, por ese objetivo que rezan las filosofías orientales, el vencerte a tí mismo.
Saludo Olímpico Señores.
